"Sabemos que Dios prepara todo para el bien de los que le aman, es decir, los que él ha llamado de acuerdo a su plan" Romanos 8:28
Este pasaje leí esta mañana en mi devocional y es un buen texto para compartirte hoy.Te sugiero leerlo con la Biblia en mano porque cito algunos versículos que por razones de espacio no los transcribo aquí.
Al leer Romanos 8:28 dentro de su contexto más inmediato (que viene hablando de la seguridad del cristiano incluso ante el sufrimiento v.17) me llevó a la siguiente conclusión:
Es una gran gran GRAN promesa: "Dios prepara TODO para bien". ¿Absolutamente TODO?, Sí, TODO. Lo bueno y lo malo. ¡Grandísima promesa! pero es exclusiva. Es decir, no es aplicable a todo el mundo o a cualquiera.
1- Es para aquellos que lo aman: "Sabemos que Dios prepara todo para el bien de los que lo aman"
2- Es para aquellos que han sido llamados por Él, conforme a su propósito que, según el v. 29 es "conformarnos a la imagen de su Hijo" y que se cumplirá indefectiblemente, como lo afirman los v. 29 al 39.
miércoles, 19 de junio de 2013
jueves, 25 de abril de 2013
Tim Keller sobre el Diezmo
Ha habido ocasiones cuando las personas han venido a mí como su pastor y me han preguntado acerca del ‘diezmo’, el dar una décima parte de su ingreso anual. Ellos observan que en el Antiguo Testamento hay mandamientos muy claros con respecto a que los creyentes deben dar un 10 por ciento. Pero en el Nuevo Testamento los requisitos específicos y cuantitativos son menos prominentes.
A menudo me preguntan: ‘¿Realmente no crees que ahora, en el Nuevo Testamento, se exige de manera absoluta a los creyentes dar un diez por ciento? ¿Verdad que no?’ Lo niego con la cabeza y ellos dan un suspiro de alivio. Pero prontamente añado: ‘Te diré la razón por la que no ves el requisito del diezmo claramente delineado en el Nuevo Testamento. Piensa. ¿Has recibido más de la revelación, verdad y gracia de Dios que los creyentes del Antiguo Testamento o menos?’ Usualmente hay un silencio de incomodidad. ‘¿Somos más “deudores de la gracia” que lo que fueron ellos o menos? ¿“Diezmó” Jesús su vida y su sangre para salvarnos o lo dio todo?’
El diezmo es un estándar mínimo para los creyentes cristianos. Realmente no quisiéramos encontrarnos en una posición en la que demos menos de nuestros ingresos que lo que hicieron aquellos que tuvieron un entendimiento menor de lo que Dios hizo para salvarles.
(Tim Keller; Counterfeit Gods, pg. 62; extraído de Citas Edificantes).
lunes, 22 de abril de 2013
El significado de “¿Hallará fe en la tierra?”
Por Salvador Gómez Dickson
“… Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:8).
Esta declaración aparece al final de la parábola de la viuda y el
juez injusto que pronunció nuestro Señor en Lucas 18:1-8. El propósito
de esta parábola, en palabras del evangelista Lucas, era enseñar a sus
discípulos la necesidad de la oración perseverante, y por esto se nos
presenta el ejemplo de la persistencia de esta viuda, la cual pudo
lograr que un juez tan malo como el descrito allí le hiciera justicia.
La injusticia es una de las características de nuestro mundo, y por eso la esperanza del creyente no está en esperar que este mundo se tornará mejor, sino en el retorno glorioso de Jesucristo al final de la historia. Mientras tanto, es el deber de los cristianos mantenerse suplicando en oración que Dios haga justicia.
Es por esto que esta sección termina con un pregunta retórica. Es una especie de llamado a que continuemos orando y esperando nuestra vindicación. El ejercicio de la oración persistente que se nos recomienda aquí solamente puede ser practicada por medio de un ejercicio vigoroso de la fe. Cuando Cristo vuelva, ¿seremos de aquellos que Él encontrará perseverando en oración? Guillermo Hendriksen lo plantea con las siguientes palabras:
“La pregunta se hace no con el propósito de especulación, sino del autoexamen. Que cada uno responda personalmente” (Comentario de Lucas).
Sólo la fe nos inspirará a persistir a pesar de las dificultades, los obstáculos y la oposición. Es una fe que debemos pedir a Dios que nos dé, y una que también debemos ejercitar cada día, de modo que no vivamos tanto por la vista, sino en la práctica continua de la confianza en el Señor y sus promesas.
La injusticia es una de las características de nuestro mundo, y por eso la esperanza del creyente no está en esperar que este mundo se tornará mejor, sino en el retorno glorioso de Jesucristo al final de la historia. Mientras tanto, es el deber de los cristianos mantenerse suplicando en oración que Dios haga justicia.
Es por esto que esta sección termina con un pregunta retórica. Es una especie de llamado a que continuemos orando y esperando nuestra vindicación. El ejercicio de la oración persistente que se nos recomienda aquí solamente puede ser practicada por medio de un ejercicio vigoroso de la fe. Cuando Cristo vuelva, ¿seremos de aquellos que Él encontrará perseverando en oración? Guillermo Hendriksen lo plantea con las siguientes palabras:
“La pregunta se hace no con el propósito de especulación, sino del autoexamen. Que cada uno responda personalmente” (Comentario de Lucas).
Sólo la fe nos inspirará a persistir a pesar de las dificultades, los obstáculos y la oposición. Es una fe que debemos pedir a Dios que nos dé, y una que también debemos ejercitar cada día, de modo que no vivamos tanto por la vista, sino en la práctica continua de la confianza en el Señor y sus promesas.
lunes, 1 de abril de 2013
Seis prácticas espirituales para transformar su vida
A menudo, se piensa en la “disciplina” en términos negativos. Pero, para el cristiano ésta es fuente de vida. Necesitamos recursos —prácticas espirituales— que nos ayuden a crecer, día tras día, a semejanza de Cristo. Aquí hay una lista de seis elementos esenciales para que los ponga en práctica y logre tener una relación con Dios más estrecha de lo que siempre anheló tener.
1) La confesión regular
“Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados”. Santiago 5.16
El pecado tiene un alto costo espiritual, emocional y físico. La confesión es el primer paso en el camino hacia la sanidad. Al convertirnos en creyentes, confesamos que somos pecadores necesitados del Salvador. Después de eso, tenemos que convertirnos en personas que no dejen que el pecado se ulcere, sino que constantemente lo saquen a la luz para poder encararlo. Mediante esta práctica, no solo podemos ser “sanados” de nuestras inclinaciones destructivas, sino que también podemos convertirnos en personas que viven con transparencia, humildad e integridad. Al hacer esto, damos testimonio del poder del Gran Sanador, Jesucristo.
jueves, 31 de enero de 2013
Los predicadores y la predicación
Por Martyn Lloyd Jones
Aun aquellos con solamente una vaga idea de lo que la Biblia enseña saben que la predicación es ordenada por Dios. Pablo fue “un siervo de Dios y un apóstol de Jesucristo” y así se sostuvo “en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos, y a su debido tiempo manifestó su palabra por medio de la predicación...” (Tito 1:1-3). La palabra de Dios es todavía manifestada a través de la predicación. La Predicación es una obra importante hoy como lo fue en los días de Jesús y los apóstoles.
Algunos de los más grandes hombres que hayan vivido fueron predicadores. Noe fue un “pregonero de justicia” “predicador” (KJV) (2 Ped. 2:5). El autor de Eclesiastés, se refiere así mismo como “El Predicador” (Ecl. 1:1). Pablo fue “constituido predicador y apóstol...y maestro de los Gentiles en fe y verdad” (1Tim. 2:7). Jesucristo, nuestro Señor fue un predicador. Él cumplió la escritura que dice: “El Espíritu del Señor esta sobre mi, Por cuanto me has ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor.” (Luc. 4:18-21; Compare Isa. 61:1-2).
El propósito de la predicación
El propósito de la Predicación es doble. Primero, su propósito es salvar al perdido. Jesús declaro que El vino “a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Luc. 19:10). Él envió a los discípulos “a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mat. 10:5-6), exhortándoles a arrepentirse porque “El reino de los cielos se ha acercado” (v.7). después de la resurrección, Él les envió a predicar el Evangelio “a toda criatura” y “a todas las naciones” (Mar. 16:15; Mat. 28:19).
Los profetas declararon que “todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo” (Joel 2:28). Pero, “ ¿Cómo, pues, invocaran a aquel en el cual no han creído? ¿Y como creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y Como oirán sin haber quien les predique?" (¿Y como oirán sin un predicador?—KJV)... Así que la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios” (Rom. 10:10-17).
El evangelio de Cristo es el poder de Dios para la Salvación (Rom. 1:16). Pablo lo declaro como “la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación” (Ef. 1:13). El mensaje de un Salvador crucificado y resucitado puede parecer “locura” al mundo incrédulo, sin embargo, “agrado a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (1 Cor. 1:21).
El segundo propósito de la predicación es edificar al salvo. Jesús instruyo a los discípulos a enseñar a aquellos convertidos a guardar “todas las cosas que os he mandado” (Mat. 28:20). Pablo había enseñado a los ancianos de Éfeso y cuando consideraba ser la ultima vez que estaría entre ellos, él les recordó, “Y ahora hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados” (Hech. 20:32). La palabra de Dios es todavía manifestada por medio de la predicación!
Aun aquellos con solamente una vaga idea de lo que la Biblia enseña saben que la predicación es ordenada por Dios. Pablo fue “un siervo de Dios y un apóstol de Jesucristo” y así se sostuvo “en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos, y a su debido tiempo manifestó su palabra por medio de la predicación...” (Tito 1:1-3). La palabra de Dios es todavía manifestada a través de la predicación. La Predicación es una obra importante hoy como lo fue en los días de Jesús y los apóstoles.
Algunos de los más grandes hombres que hayan vivido fueron predicadores. Noe fue un “pregonero de justicia” “predicador” (KJV) (2 Ped. 2:5). El autor de Eclesiastés, se refiere así mismo como “El Predicador” (Ecl. 1:1). Pablo fue “constituido predicador y apóstol...y maestro de los Gentiles en fe y verdad” (1Tim. 2:7). Jesucristo, nuestro Señor fue un predicador. Él cumplió la escritura que dice: “El Espíritu del Señor esta sobre mi, Por cuanto me has ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor.” (Luc. 4:18-21; Compare Isa. 61:1-2).
El propósito de la predicación
El propósito de la Predicación es doble. Primero, su propósito es salvar al perdido. Jesús declaro que El vino “a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Luc. 19:10). Él envió a los discípulos “a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mat. 10:5-6), exhortándoles a arrepentirse porque “El reino de los cielos se ha acercado” (v.7). después de la resurrección, Él les envió a predicar el Evangelio “a toda criatura” y “a todas las naciones” (Mar. 16:15; Mat. 28:19).
Los profetas declararon que “todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo” (Joel 2:28). Pero, “ ¿Cómo, pues, invocaran a aquel en el cual no han creído? ¿Y como creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y Como oirán sin haber quien les predique?" (¿Y como oirán sin un predicador?—KJV)... Así que la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios” (Rom. 10:10-17).
El evangelio de Cristo es el poder de Dios para la Salvación (Rom. 1:16). Pablo lo declaro como “la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación” (Ef. 1:13). El mensaje de un Salvador crucificado y resucitado puede parecer “locura” al mundo incrédulo, sin embargo, “agrado a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (1 Cor. 1:21).
El segundo propósito de la predicación es edificar al salvo. Jesús instruyo a los discípulos a enseñar a aquellos convertidos a guardar “todas las cosas que os he mandado” (Mat. 28:20). Pablo había enseñado a los ancianos de Éfeso y cuando consideraba ser la ultima vez que estaría entre ellos, él les recordó, “Y ahora hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados” (Hech. 20:32). La palabra de Dios es todavía manifestada por medio de la predicación!
sábado, 5 de enero de 2013
Cómo la enfermedad ayuda al hombre
Por J. C Ryle
Quizás encuentre sorprendente el hecho de que la enfermedad nos pueda hacer un bien. Muchas personas nunca consideran esto. Ellos ven solo el sufrimiento y el dolor y no ven el bien en ningún sentido. Ahora, estoy de acuerdo que si no existiera el pecado en el mundo, sería imposible que la enfermedad hiciera algún bien a los hombres. No había enfermedad en el mundo perfecto que Dios creó en el principio. Pero Dios en su sabiduría la ha permitido desde la caída del hombre y es tanto una bendición como una maldición. Dios es capaz de usar nuestro dolor y sufrimiento temporales para lograr un bien más alto en nuestra mente, nuestra conciencia y nuestra alma, un bien eterno.
martes, 1 de enero de 2013
Un pequeño comentario de Gálatas 5:16
"Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne." Gálatas 5:16
Este es un texto muy conocido y citado continuamente. Pero al leerlo ligeramente, por ser "harto conocido", podemos pasar por alto algunas cositas que pueden bendecir nuestra vida y que son muy valiosas e importantes.
Podríamos hacernos algunas preguntas que nos lleven a profundizar nuestra lectura. Por ejemplo: puesto que no podemos santificarnos a nosotros mismos, decimos que la santificación es una obra de la gracia de Dios a favor nuestro. Dios nos declara santos, pero también nos va purificando continuamente mediante su Espíritu y sus medios de gracia, como por ejemplo su Palabra. Nuestra santificación es tanto posicional como progresiva. Entonces, si es una obra de Dios ¿qué papel jugamos nosotros? ¿Por qué este texto nos ordena a andar en el Espíritu? ¿Es que acaso Dios espera algo de nuestra parte? El texto es claro, y en esta breve entrada no pretendo ser exhaustivo, sino compartirte algunas verdades generales de este pasaje bíblico.
Podríamos hacernos algunas preguntas que nos lleven a profundizar nuestra lectura. Por ejemplo: puesto que no podemos santificarnos a nosotros mismos, decimos que la santificación es una obra de la gracia de Dios a favor nuestro. Dios nos declara santos, pero también nos va purificando continuamente mediante su Espíritu y sus medios de gracia, como por ejemplo su Palabra. Nuestra santificación es tanto posicional como progresiva. Entonces, si es una obra de Dios ¿qué papel jugamos nosotros? ¿Por qué este texto nos ordena a andar en el Espíritu? ¿Es que acaso Dios espera algo de nuestra parte? El texto es claro, y en esta breve entrada no pretendo ser exhaustivo, sino compartirte algunas verdades generales de este pasaje bíblico.
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