lunes, 19 de junio de 2017

¿Cuál Es la Voluntad de Dios y Cómo la Hacemos?


Por John Piper


Romanos 12:1-2

Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional. 2Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto.

El objetivo de Romanos 12:1-2 es que toda nuestra vida se vuelva “una adoración espiritual”. El versículo 1 dice: “… que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional”.
El propósito de la vida humana, ante los ojos de Dios, es que refleje a Cristo tan valioso como realmente es. Adoración significa usar nuestras mentes, nuestros corazones, y nuestros cuerpos para expresar el valor de Dios y todo lo que él es para nosotros en Cristo Jesús.

La paradoja del gozo cristiano

por Sugel Michelén


"En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas." 1 Pedro 1:6-9

          Esta semana pasada hablaba con un grupo de jóvenes del CCL y les decía que una de las razones por la que muchos que conocen el evangelio y saben que es verdadero, aún así rehúsan convertirse, una de las razones por la que esto ocurre es el hecho de que en lo más profundo de sus corazones tienen la convicción de que si se convierten salvarán sus almas para la eternidad, pero perderán sus vidas en el presente.

          Si se entregan por entero al Señor Jesucristo, obtendrán el cielo y evitarán el infierno, pero tendrán que pagar el precio de vivir aquí y ahora una vida sumamente aburrida e insípida. Por eso muchos albergan la esperanza de convertirse en la vejez, y así ganar el cielo de todos modos, pero sin perder la vida.

          Por supuesto, ese es un razonamiento equivocado porque parte de dos premisas falsas. En primer lugar, asume erróneamente que la salvación está en nuestras manos y que podemos convertirnos cuando nosotros queramos.

Ese es un engaño con el que el enemigo de las almas ha dormido a muchos. “Todavía hay tiempo de sobra para hacer eso más tarde, después de que hayas disfrutado de la vida un poco más”.

martes, 28 de marzo de 2017

Nueve formas de saber que el Evangelio de Cristo es verdadero


Por John Piper

1. Jesucristo, como nos es presentado en el Nuevo Testamento, y como aparece ante nosotros a partir de todos sus escritos, es demasiado sencillo y demasiado grande para haber sido inventado tan uniformemente por estos escritores. El poder de Jesucristo desató estos escritos; los escritos no crearon el poder. Jesús es mucho más grande y más convincente que cualquiera de sus testigos. Su realidad confirma estos escritos como un evento grande, global; respalda a miles de presentadores. Algo formidable desató a estos diversos testigos para contar estos relatos sensacionales y variados, pero unificados, de Jesucristo.

martes, 11 de octubre de 2016

¿Por qué tienes dificultades como cristiano?


Por Tony Segar

¿Te has preguntado alguna vez por qué tienes dificultades como cristiano? Te convertirse a Cristo pensando que te iría chévere, que Cristo a tu lado, ahora está de tu lado, garantía de un éxito en todo lo que emprendieras. Pero no ha sido así. Cuando te ha ido “de la patada”, sientes que eres objeto de la mala suerte, más que sujeto de la bendición.
En la vida cristiana, las aflicciones no son un accidente del destino, no es el azar lo que controla tu vida sino la providencia de Dios. Uno de los libros de la Biblia más empapados de lágrimas aclara: ¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? (Lam 3:37).

Antes de preguntar “porqué”, Dios quiere que nos preguntemos “para qué”. Porque tanto es verdad que nada nos viene por azar como que nada de lo que nos viene es en vano. Dios tiene un mínimo de cuatro grandes propósitos por las que permite que seamos afligidos.

martes, 10 de noviembre de 2015

La ley y la gracia

Por Miguel Núñez

Con cierta frecuencia, el pueblo de Dios encuentra una gran dificultad en mantener el balance entre verdades bíblicas que nosotros colocamos en polos opuestos, pero que Dios coloca una al lado de la otra. Recientemente leí un artículo donde el autor hacía una comparación entre tres posibles (y únicos) enfoques a la hora de enseñar: la predicación de la gracia del evangelio, el libertinaje, y el legalismo. Si lo presentamos de esa manera, el único tipo de predicación que tiene sentido bíblico es la predicación de la gracia del evangelio. El problema está en que el libertinaje es una distorsión del uso de la ley, como también lo es el legalismo. Ahora bien, la gracia solo representa uno de los atributos de Dios, y por tanto la predicación exclusiva de la gracia nos da una idea incompleta y desbalanceada del carácter de Dios.

viernes, 2 de octubre de 2015

Vanos remordimientos


por Arthur W. Pink

"Y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mi. Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo".                          1 Corintios 15:8-10


Existe en los hombres y las mujeres de nuestros días una inclinación a interesarse en cualquier cosa que parezca atractiva. Vivimos en la era de la publicidad, y la gente está dispuesta a creer todo lo que se le diga. Cree en los anuncios, cree lo que se le dice, lo que hace suponer que si viera en el pueblo, cristiano algo que le diera la impresión de que estos viven gozosos, felices y triunfantes, se arremolinaría en tomo de ellos, ansiosa por descubrir el secreto de vida tan afortunada. Por lo tanto, no es aventurado deducir que lo que cuenta para las grandes masas de afuera es la condición de los de adentro.

Con mucha frecuencia damos la impresión de que estamos desanimados y deprimidos; a decir verdad, algunos hasta dan la impresión de que llegar a ser cristiano significa encarar problemas nunca antes conocidos. Y así, vistas las cosas de manera superficial, el hombre del mundo llega a la conclusión de que hay más gente feliz fuera de la iglesia que dentro de ella.
Tal percepción, por supuesto, es del todo errónea. Pero tenemos que admitir que, en cierta medida, algunos de nosotros debemos declararnos culpables de tal acusación, y que muy a menudo nuestra depresión espiritual y nuestra mediocre condición de cristianos infelices nos hacen pésimos representantes del evangelio de la gracia redentora.

El temor del hombre


Por J. C Ryle



“El temor del hombre” -verdaderamente- “pondrá lazo” Proverbios 29:25. 

Es terrible observar el poder que tiene sobre la mayoría de las mentes, y especialmente sobre las mentes de los jóvenes. Muy pocos parecen tener su propia opinión, o pensar por sí mismos. Como pescados muertos son arrastrados por la corriente. Lo que los demás piensan que es bueno, ellos también piensan que lo es; y lo que los demás llaman malo, ellos también llaman malo. Hay muy pocos pensadores originales en el mundo. La mayoría de los hombres son como ovejas: siguen al líder. Si fuera la moda del día ser romanista, serían romanistas, si lo fuera ser mahometano, serían mahometanos. Temen mucho la idea de ir en contra de la corriente del día. En una palabra, la opinión del día se convierte en su religión, su creencia, su Biblia y su Dios.
El solo pensar “¿qué dirán o que pensarán mis amigos de mí?” destruye muchas buenas intenciones.



El temor de ser observado, ridiculizado y de ser objeto de las burlas, impide la formación de muchos buenos hábitos. Hay muchas Biblias que pudieran ser leídas este mismo día si sus dueños se atrevieran. Saben que deberían leerlas, pero tienen miedo: “¿Qué dirá la gente?” Hay rodillas que se doblarían en oración esta misma noche, pero el temor a los demás se lo impide: “¿Que diría mi esposa, mi hermano, mi amigo, mi compañero, si me viera orando?” ¡Ay, qué esclavitud tan miserable es ésta, y no obstante, tan común! “Porque temí al pueblo,” dijo Saúl a Samuel cuando quebrantó el mandamiento del Señor (1 Samuel 15:24). “Tengo temor de los judíos” dijo Sedequías, el rey rebelde de Judá; y por su temor, desobedeció el consejo que Jeremías le dio (Jeremías 38:19). Herodes tuvo miedo de lo que pensarían sus invitados, así que hizo lo que lo hizo “excesivamente triste”: decapitó a Juan el Bautista. Pilato temió ofender a los judíos, así que hizo lo que su conciencia le decía que era injusto: entregó a Jesús para ser crucificado. ¿Si esto no es esclavitud, entonces qué es?
Joven, quiero que todos los jóvenes estén libres de esta esclavitud. Quiero que a ninguno de ustedes les importe la opinión ajena cuando el camino del deber es claro. Créeme, es grandioso poder decir: “¡No!” Este era el punto débil del buen rey Josafat, cedió fácilmente en sus tratos con el rey Acab, y, por ello, se acarreó muchos problemas (1 Reyes 22:4). Aprende a decir “No”. No dejes que el temor de no parecer simpático te impida hacer lo que debes. Cuando los pecadores te insisten, di decisivamente: “Yo no consentiré” (Proverbios 1:10).

lunes, 23 de febrero de 2015

El evangelio es un mensaje sobre el arrepentimiento


Por Sugel Michelén


¿Cuáles son los medios que Dios ha provisto para que los pecadores obtengan los beneficios de la obra redentora de Cristo? La Biblia señala únicamente dos: arrepentimiento y fe.

" Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio."  Marcos 1:14-15

La fe y el arrepentimiento no son iguales; pero la fe nunca viene divorciada del arrepentimiento, así como el arrepentimiento nunca viene divorciado de la fe. Y lo que Dios ha unido con un vínculo indisoluble, el hombre no puede separarlo. Dondequiera que hay verdadero arrepentimiento, allí encontraremos también la fe; y dondequiera que haya fe genuina, también habrá arrepentimiento.

La fe sin arrepentimiento no pasa de ser una fe muerta; el arrepentimiento sin fe no pasa de ser remordimiento (como el que sintió Judas antes de ahorcarse). Debemos proclamar a los hombres el arrepentimiento y el perdón de pecados en el nombre de Cristo. El hombre necesita reconciliarse con Dios, recibir Su perdón, pero ese perdón está conectado con el arrepentimiento (comp. Lc. 13:1-5).

Ahora bien, ¿qué significa arrepentirse?

La palabra “arrepentimiento” viene del latín y significa “pensar otra vez”; mientras que la palabra griega que se usa en el NT significa “cambio de mente”. Noten que ambas palabras se relacionan con nuestro proceso de pensamiento. Arrepentirse es cambiar drásticamente de mentalidad.

Dios dice al pecador a través del profeta Isaías: “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (Is. 55:7).

El llamado de Dios al hombre no es a dejar de pensar, sino a dejar sus pensamientos y a pensar como Dios piensa; ver las cosas como Dios las ve, a juzgarla como Dios las juzga; eso es arrepentirse.

Supongamos que una persona se dirige hacia Santiago por la carretera que va hacia Samaná. Pero en el camino se encuentra con alguien que le hace ver su error, que va por un camino equivocado, ¿qué esperaríamos que haga esa persona ahora que tiene una información correcta? Esperaríamos que dé media vuelta y se disponga a tomar por el camino que lo lleve al lugar donde desea ir.

De igual manera, lo primero que el pecador necesita es la convicción de que va caminando por un camino equivocado que lo ha de llevar a una condenación eterna.

Y luego que el pecador ha adquirido y aceptado esa información como buena válida, ahora entran en juego su voluntad y sus emociones. Él decide caminar por otro camino, a la vez que aborrece el camino anterior y se entristece de haber estado en el error por tanto tiempo.

Quizá la manera más sencilla como podemos entender este concepto es contemplándolo a la luz de la parábola del hijo pródigo, en Lc. 15. Este joven que se había comportado con tal insensatez en el pasado repentinamente comenzó a aborrecer ese estilo de vida que una vez consideró tan atractivo.

Y en completa humillación se dirigió a su padre sabiendo que no tenía nada que demandar. Él no era digno, ni siquiera de trabajar en la finca como un simple criado. El arrepentimiento viene ligado a un profundo sentido de indignidad y de necesidad. Pero al mismo tiempo está estrechamente ligado a una seria determinación de divorciarse de la vida en pecado.

Alguien ha dicho que el arrepentimiento es un divorcio del alma del pecado. El alma toma la resolución de divorciarse del pecado. Es la reacción del individuo que vuelve en sí y por primera vez considera su pecado como la fuente de todas sus desgracias, como algo de lo que debe huir como quien huye de una plaga.

Eso es arrepentimiento. Y sin ese arrepentimiento nadie puede disfrutar de la salvación que Dios ha provisto en Cristo. Dos veces repite el Señor en Lc. 13:1-5: “Si no os arrepentís… pereceréis”. . El hijo pródigo no pidió perdón a su padre mientras continuaba aún viviendo perdidamente.

Él se levantó y fue a su padre; él había tomado la decisión de cortar con ese estilo de vida que hasta ahora había seguido, y entonces pidió perdón. Nadie encontrará perdón para su alma mientras continúe casado con su pecado.

Ahora, es importante aclarar que el arrepentimiento no se trata de un intento de parte del pecador de ordenar su vida para que entonces Cristo pueda aceptarnos. Si el pecador pudiese ordenar su vida sin Cristo, entonces ya no necesita a Cristo. Cristo vino a salvar a su pueblo de sus pecados, porque su pueblo no podía salvarse a sí mismo.

Estamos hablando más bien de una persona que reconoce su pecaminosidad, y al mismo tiempo su incapacidad de escapar de semejante condición; de una persona que habiendo comprendido la maldad de su pecado y las terribles consecuencias que ese pecado le acarrea ahora y en la eternidad, acude a Cristo con la disposición de obedecerle a Él.

El pecador arrepentido no es aquel que dice: “Voy a reformarme primero, y luego iré a Dios”; no. Es más bien el hombre que reconoce que no puede seguir luchando con la maldad de su corazón, y habiendo pedido perdón, pide también a Dios que le conceda la fuerza que necesita para ser librado de la esclavitud de su propia corrupción.

Pero no podemos quedarnos en el arrepentimiento. No se trata simplemente de dejar el mundo atrás, sino de abrazar a Cristo, y descansar en Él tal cual es ofrecido en el evangelio. Y es a eso que la Biblia llama fe (comp. Jn. 1:12). Pero eso lo veremos más adelante, si el Señor lo permite.



Publicado por Sugel Michelen en www.todopensamientocautivo.com

viernes, 12 de diciembre de 2014

Acerca del orgullo espiritual

Por Jonathan Edwards

La primera y la peor causa de error que prevalece en nuestros días es el orgullo espiritual. Esta es la puerta principal por la que el diablo viene a los corazones de aquellos que son celosos por el avance de Cristo. Es la principal entrada del humo del pozo sin fondo para oscurecer la mente y engañar el juicio, y el asa principal por el cual Satanás se apodera de los cristianos para obstaculizar la obra de Dios. Hasta que esta enfermedad se cura, los medicamentos se aplican en vano para sanar todas las demás enfermedades.

El orgullo es mucho más difícil de discernir que cualquier otra corrupción, porque, por naturaleza, el orgullo es una persona que tiene un pensamiento demasiado alto de sí mismo. No es de extrañar, entonces, que una persona que tiene una idea demasiada alta de sí mismo no es consciente de ello. Él piensa que la opinión que tiene de sí mismo tiene justa causa y por lo tanto no es demasiado alta. Como resultado, no hay ninguna otra cuestión en la que el corazón es más engañoso e inescrutable. La naturaleza misma de es trabajar la autoestima y alejar cualquier sospecha de mal respecto a sí mismo.

lunes, 20 de octubre de 2014

¿Ha nacido usted de nuevo?

por J. C. Ryle

Jesucristo dijo:

“El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3)

 Esta es una de las cuestiones más importantes en la vida de todo ser humano.
 
No es suficiente responder “Soy miembro de una iglesia; supongo que soy cristiano”. Miles de cristianos nominales no muestran señal alguna de haber nacido de nuevo, las cuales se mencionan en las Sagradas Escrituras, principalmente en la Primera Epístola de Juan.
 
 
No practica el pecado 
En primer lugar, el apóstol Juan escribió: “Todo aquel que es nacido de Dios no comete pecado” (1 Juan 3:9). “Todo aquel que ha nacido de Dios no practica el pecado” (5:18).
 
Aquella persona que ha nacido de nuevo, que ha sido regenerada, habitualmente no comete pecado. No exhibe una inclinación total hacia el pecado. Probablemente hubo algún tiempo en que dicha persona no se detenía a pensar si sus acciones eran pecaminosas o no, y no siempre sentía aflicción tras hacer el mal. No había una lucha entre él y el pecado; ambos eran amigos. Pero un verdadero cristiano odia el pecado, huye de el, lucha en su contra, lo considera su mayor calamidad, resiente la carga de su presencia, sufre cuando cae bajo su influencia, y anhela liberarse completamente de el. El pecado ya no le place; se ha convertido en algo horrible y que odia. Sin embargo, no puede eliminar su presencia dentro de el.
 
Si dijese que en él no hay pecado estaría mintiendo (1 Juan 1:8). Pero sí puede decir que odia el pecado y que el mayor deseo de su alma es no cometer pecado en absoluto. No puede evitar tener malos pensamientos, omisiones y defectos tanto en sus palabras como en sus acciones. El sabe que “en muchas cosas ofendemos” (Santiago 3:2). Pero puede decir con certeza, delante de Dios, que estas cosas le ocasionan dolor y pena, y que su ser no se complace en ellas. Que diría el apóstol de usted? Ha nacido usted de nuevo?
 

sábado, 20 de septiembre de 2014

¿Qué clase de sal eres?

En esta ocasión les comparto un pequeño artículo que recientemente escribí para una página de devocionales dedicada a jóvenes cristianos. Es sencillísimo, y en el no profundizo demasiado. Sin embargo, espero que la enseñanza general les sea de bendición (y de reflexión!)

Lucas 14:34-35 “Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida, ¿con qué se sazonará? Ni para la tierra ni para el muladar es útil; la arrojan fuera. El que tiene oídos para oír, oiga.”

Este es un texto que nos es muy familiar de las Escrituras. ¡Lo conocemos muy bien! Tanto, que muchas veces lo leemos “a la ligera” por ser así de conocido. En esta ocasión, Jesús está utilizando “la sal” como una especie de  ilustración. A lo largo de toda la Biblia la sal es usada como símbolo  en un sinnúmero de oportunidades, pero esta vez Jesús pretende enseñar una gran verdad. 
Primero te invito a que pienses en las palabras que Él está diciendo. Y quiero que te imagines oírlas por primera vez, como si fueras parte de aquel grupo de personas que están oyéndole al Maestro en el camino.
 Jesús dice: 

Una sal sin sabor NO SIRVE.

Una sal sin sabor NO ES ÚTIL ni para la tierra.

Una sal sin sabor NI SIQUIERA SIRVE PARA EL MULADAR! El muladar era un lugar, que generalmente estaba fuera de la ciudad, donde se echaban los desperdicios y además la materia fecal humana y animal. ¡Una sal sin sabor ni siquiera sirve para ese lugar! ¡Es inútil!

Si Jesús está enseñando una verdad, Él está usando palabras muy duras! Creo que después de considerar esto ya no debiéramos leer este texto “a la ligera”, sin cuidado, o de una manera casual sin dejar que nos impacte. ¿Y si lo que Jesús está enseñando tiene que ver con mi vida? ¿Qué cosa es aquella que no sirve para nada, ni siquiera para ser usada como abono para la tierra? ¿Y si lo que Jesús dice tiene que ver contigo?  ¡Wow!, ¡Sí que es importante saber cuál es la enseñanza que está dando Jesús!

jueves, 18 de septiembre de 2014

Ser y no saber nada...


Por Sugel Michelén

El poeta nicaragüense Rubén Darío, en su poema Lo Fatal, expresa la angustia existencial del hombre ante la realidad de una vida consciente que se dirige hacia un destino final inevitable e incierto:

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque esa ya no siente, 
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, 
y el temor de haber sido y un futuro terror…
y el espanto seguro de estar mañana muerto, 
y sufrir por la vida y por la sombra 
y por lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos, 
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber a dónde vamos 
ni de dónde venimos!

sábado, 13 de septiembre de 2014

El Libro de Job: ¿Por qué sufren los justos?


Por R. C. Sproul

En el campo de los estudios bíblicos, existen cinco libros que normalmente son incluidos bajo el título de “literatura de sabiduría” o “los libros poéticos del Antiguo Testamento”. Estos son los libros de Proverbios, Salmos, Eclesiastés, Cantares de Salomón, y Job. De estos cinco libros, hay uno que sobresale, manifestando diferencias significativas respecto a los otros cuatro. Ése es el libro de Job.
La sabiduría que se encuentra en el libro de Job no es comunicada en forma de proverbio. Más bien, el libro de Job trata las cuestiones de la sabiduría en el contexto de una narrativa que trata la profunda angustia y el dolor insoportable de Job. El escenario de esta narrativa es el tiempo de los patriarcas. Se han levantado preguntas acerca de la intención autorial de este libro, en cuanto a si estaba destinado a ser una narración histórica de un individuo real o si su estructura básica es aquella de un drama con un prólogo, incluyendo una escena de apertura en el cielo, conteniendo un discurso entre Dios y Satanás, y moviéndose de una forma gradual al epílogo, en el que son repuestas las profundas pérdidas sufridas por Job durante sus pruebas.
En cualquier caso, en el corazón del mensaje del libro de Job está la sabiduría respecto a la respuesta a la pregunta de cómo Dios está involucrado en el problema del sufrimiento humano. En cada generación protestas son levantadas diciendo que si Dios es bueno, entonces no debería haber dolor, ni sufrimiento o muerte en este mundo. Junto con estas protestas contra cosas malas que le suceden a gente buena, también han habido intentos de crear un cálculo de dolor, por el cual se asume que el umbral de sufrimiento en un individuo es directamente proporcional al grado de su culpa o del pecado que ha cometido.

lunes, 22 de julio de 2013

Llamado al servicio

Por William Gurnall

«Todo soldado está llamado a una vida de servicio activo, igual que el creyente. La misma naturaleza de ese llamamiento excluye una vida ociosa. Si pensabas ser soldado de verano, considera con cuidado tu comisión. Tus órdenes espirituales son rigurosas. Igual que el apóstol, no quiero que ignores esto y, por tanto, cito algunas directrices.


1. Renuncia a tus pecados predilectos
Aquellos pecados más cercanos a tu corazón deben ahora ser hollados bajo tus pies. ¡Y se necesita valor y coraje para hacerlo! Crees que Abraham fue probado al límite cuando se le pidió tomar a Isaac -"tu hijo, tu único, a Isaac a quien amas" (Gn. 22:2)- y ofrecerlo con sus propias manos. Pero no tiene ni comparación con esto: "Alma, toma tu deseo, el hijo más cercano a tu corazón, tu Isaac, aquel pecado del cual piensas granjear mayor placer. Ponle las manos encima y ofréndalo; derrama su sangre ante Mí; clava el cuchillo sacrificial en su mismo corazón, ¡y hazlo con gozo!".
Esto es superior a las fuerzas humanas. Nuestros deseos no se quedarán quietos sobre el altar con la paciencia de Isaac, ni como el Cordero que va mudo al matadero (Is. 53:7). Nuestra carne ruge y chilla, partiéndonos el corazón con sus horribles gritos. ¿Quién puede expresar el conflicto, la lucha, las convulsiones de espíritu que aguantamos antes de cumplir con esta orden de corazón? ¿Quién puede explicar plenamente la sutileza con que tal deseo defenderá sus derechos?

sábado, 13 de julio de 2013

Los ojos de Dios

Por Misael Vagni

Generalmente suelo compartir aquí estudios bíblicos y artículos de interés... Pero esta vez quiero exponer un escrito un tanto diferente, pero no por eso menos reflexivo. Este es un escrito que realizara Misael Vagni, un hermano y amigo. Lo comparto confiando que será de impacto, como lo fue para mi...

"Los mismos ojos que cegaron a Pablo. Que encontraron discípulos a la orilla del Mar de Galilea. Que le dieron una segunda oportunidad a Pedro.
Pupilas que le irradiaban amor al enfermo, pasión al decaído, compañía al solitario, esperanza al leproso.
Que se cerraban cuando el sol rompía el negro de la noche, los que se aguzaban cuando el atardecer se hacía presente, los que María esperaba ver en el pesebre, y que luego se quedaron viendo los suyos, sabrá José cuánto tiempo.
Los que fueron golpeados por cientos de judíos, moretoneados por rudos soldados, despedazados por látigos de sicarios. Que se cerraron por un tiempo, pero que se abrieron con más poder que antes.
Los que desde arriba de la cruz buscaron a Juan, y le señalaron a María. “Ahí está tu madre”.
Ojos humildes con las personas, compasivos ante el enfermo, furiosos ante el pecado, tiernos hacía todos. Imponentes ante el mundo, y más allá del mismo.
Esos mismos ojos, hoy nos buscan. Entre guerras, pestes, corrupción, violencia, asesinatos, cárceles.
Nos llaman. A regresar, a sentir, a perdonar, a cuidar, a respetar, a saludar, a amar.

Él nos busca.

¿Lo estamos buscando? "

viernes, 28 de junio de 2013

Disciplina y amonestación

Por Martyn Lloyd-Jones

“Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”. Efesios 6:4

Si hemos de cumplir el mandato del Apóstol... tenemos que hacer una pausa y considerar lo que debemos
hacer. Cuando llega un hijo, tenemos que decirnos: “Somos guardianes y custodios de esta alma”. ¡Qué
responsabilidad tan tremenda! En el mundo de los negocios y el profesional, los hombres son muy conscientes de la gran responsabilidad que tienen con respecto a las decisiones que deben tomar. Pero, ¿son conscientes de la responsabilidad infinitamente mayor que tienen con respecto a sus propios hijos? ¿Les dedican la misma o más reflexión, atención y tiempo? ¿Sienten el peso de la responsabilidad tanto como lo sienten en estas otras áreas? El Apóstol nos urge a considerar esto como la ocupación más grande de la vida, el asunto más grande que jamás tendremos que encarar y realizar.

jueves, 27 de junio de 2013

Palabras corrompidas


En su blog, el pastor Salvador Gómez Dickson tradujo  y adaptó el siguiente bosquejo de un sermón de Jonathan Edwards basado en Efesios 4:29. Lo comparto aquí esperando que lo disfrutes, así como lo he hecho yo. Recuerda que si no cuentas con tu Biblia en mano, las citas en rojo te dirigirán a una Biblia online para que puedas leer los textos y enriquecerte aún más.


“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”  Efesios 4:29.

El texto contiene una exhortación referente a nuestro hablar los unos con los otros, la cual consiste de dos partes:

1. Una declaración en la que nos advierte de algo: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca.” En esta declaración podemos observar dos cosas: (1) Lo que debemos evitar (las palabras corrompidas) y la manera de evitarlo (impidiendo que salgan de nuestra boca). Debemos evitar a toda costa que nuestras conciencias nos digan ser culpables de este mal.

2. Un estímulo al uso edificante de nuestros labios: “Sino la que sea buena para la necesaria edificación de los oyentes.” Este estímulo va acompañado del gran beneficio que tal hablar produce: “a fin de dar gracia a los oyentes.” este beneficio es mayor que cualquier bien temporal que podamos compartir.

ENSEÑANZA DEL PASAJE: Cuando se reúnen, aquellos que profesan ser cristianos deben evitar toda palabra corrompida y practicar el tipo de conversación que promueva el bien de las almas de los demás.

miércoles, 26 de junio de 2013

Cómo educar a los hijos para Dios


Por Edward Payson (1783-1827)

“Lleva este niño y críamelo, y yo te lo pagaré”. Éxodo 2:9

Estas palabras fueron dichas por la hija de Faraón a la madre de Moisés. Es muy probable que no sea
necesario informarle de las circunstancias que las ocasionaron. Seguramente no es necesario decirle que al
poco tiempo de nacer este futuro líder de Israel sus padres se vieron obligados, por la crueldad del rey egipcio, a esconderlo en una arquilla de juncos a la orilla del río Nilo. Estando allí, fue encontrado por la hija de Faraón. Su llanto infantil la movió a compasión con tanto poder que decidió no sólo rescatarlo de una tumba de agua, sino educarlo como si fuera de ella. Miriam, la hermana de Moisés, quien había observado todo sin ser vista, se acercó ahora como alguien que desconocía las circunstancias que habían ocasionado que el niño estuviera allí.
Al escuchar la decisión de la princesa, Miriam ofreció conseguir una mujer hebrea para que cuidara al niño hasta tener edad suficiente como para aparecer en la corte de su padre. Este ofrecimiento fue aceptado, por lo que Miriam fue inmediatamente y llamó a la madre a quien la princesa le encomendó el niño con las palabras de nuestro texto: “Lleva este niño y críamelo, y yo te lo pagaré”.

Con palabras similares, mis amigos, se dirige Dios a los padres de familia. A todos los que les da la bendición de tener hijos, dice en su Palabra y por medio de la voz de su providencia: “Lleva este niño y edúcalo para mí, y yo te lo pagaré”. Por lo tanto, usaremos este pasaje para mostrar lo que implica educar a los hijos para Dios.
Lo primero que implica educar a los hijos para Dios es...

martes, 25 de junio de 2013

Si Dios es bueno, ¿cómo explicar la existencia del mal?

Por Miguel Núñez

En la revelación de Dios (la Biblia) encontramos una explicación coherente y consistente, aunque no completa dada nuestras limitaciones, en torno al problema de la existencia del mal; algo que muchos han cuestionado en vista de la existencia de un Dios omnipotente y omnibenevolente. Pero, veamos antes algunas de las “soluciones” propuestas para explicar un tema tan controversial como este.




miércoles, 19 de junio de 2013

La seguridad de un perfecto plan

"Sabemos que Dios prepara todo para el bien de los que le aman, es decir, los que él ha llamado de acuerdo a su plan"  Romanos 8:28 

Este pasaje leí esta mañana en mi devocional y es un buen texto para compartirte hoy.Te sugiero leerlo con la Biblia en mano porque cito algunos versículos que por razones de espacio no los transcribo aquí.

Al leer Romanos 8:28 dentro de su contexto más inmediato (que viene hablando de la seguridad del cristiano incluso ante el sufrimiento v.17) me llevó a la siguiente conclusión:

Es una gran gran GRAN promesa: "Dios prepara TODO para bien". ¿Absolutamente TODO?, Sí, TODO. Lo bueno y lo malo. ¡Grandísima promesa! pero es exclusiva. Es decir, no es aplicable a todo el mundo o a cualquiera.

1- Es para aquellos que lo aman: "Sabemos que Dios prepara todo para el bien de los que lo aman"

2- Es para aquellos que han sido llamados por Él, conforme a su propósito que, según el v. 29 es "conformarnos a la imagen de su Hijo" y que se cumplirá indefectiblemente, como lo afirman los v. 29 al 39. 

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