viernes, 12 de diciembre de 2014

Acerca del orgullo espiritual

Por Jonathan Edwards

La primera y la peor causa de error que prevalece en nuestros días es el orgullo espiritual. Esta es la puerta principal por la que el diablo viene a los corazones de aquellos que son celosos por el avance de Cristo. Es la principal entrada del humo del pozo sin fondo para oscurecer la mente y engañar el juicio, y el asa principal por el cual Satanás se apodera de los cristianos para obstaculizar la obra de Dios. Hasta que esta enfermedad se cura, los medicamentos se aplican en vano para sanar todas las demás enfermedades.

El orgullo es mucho más difícil de discernir que cualquier otra corrupción, porque, por naturaleza, el orgullo es una persona que tiene un pensamiento demasiado alto de sí mismo. No es de extrañar, entonces, que una persona que tiene una idea demasiada alta de sí mismo no es consciente de ello. Él piensa que la opinión que tiene de sí mismo tiene justa causa y por lo tanto no es demasiado alta. Como resultado, no hay ninguna otra cuestión en la que el corazón es más engañoso e inescrutable. La naturaleza misma de es trabajar la autoestima y alejar cualquier sospecha de mal respecto a sí mismo.

lunes, 20 de octubre de 2014

¿Ha nacido usted de nuevo?

por J. C. Ryle

Jesucristo dijo:

“El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3)

 Esta es una de las cuestiones más importantes en la vida de todo ser humano.
 
No es suficiente responder “Soy miembro de una iglesia; supongo que soy cristiano”. Miles de cristianos nominales no muestran señal alguna de haber nacido de nuevo, las cuales se mencionan en las Sagradas Escrituras, principalmente en la Primera Epístola de Juan.
 
 
No practica el pecado 
En primer lugar, el apóstol Juan escribió: “Todo aquel que es nacido de Dios no comete pecado” (1 Juan 3:9). “Todo aquel que ha nacido de Dios no practica el pecado” (5:18).
 
Aquella persona que ha nacido de nuevo, que ha sido regenerada, habitualmente no comete pecado. No exhibe una inclinación total hacia el pecado. Probablemente hubo algún tiempo en que dicha persona no se detenía a pensar si sus acciones eran pecaminosas o no, y no siempre sentía aflicción tras hacer el mal. No había una lucha entre él y el pecado; ambos eran amigos. Pero un verdadero cristiano odia el pecado, huye de el, lucha en su contra, lo considera su mayor calamidad, resiente la carga de su presencia, sufre cuando cae bajo su influencia, y anhela liberarse completamente de el. El pecado ya no le place; se ha convertido en algo horrible y que odia. Sin embargo, no puede eliminar su presencia dentro de el.
 
Si dijese que en él no hay pecado estaría mintiendo (1 Juan 1:8). Pero sí puede decir que odia el pecado y que el mayor deseo de su alma es no cometer pecado en absoluto. No puede evitar tener malos pensamientos, omisiones y defectos tanto en sus palabras como en sus acciones. El sabe que “en muchas cosas ofendemos” (Santiago 3:2). Pero puede decir con certeza, delante de Dios, que estas cosas le ocasionan dolor y pena, y que su ser no se complace en ellas. Que diría el apóstol de usted? Ha nacido usted de nuevo?
 

sábado, 20 de septiembre de 2014

¿Qué clase de sal eres?

En esta ocasión les comparto un pequeño artículo que recientemente escribí para una página de devocionales dedicada a jóvenes cristianos. Es sencillísimo, y en el no profundizo demasiado. Sin embargo, espero que la enseñanza general les sea de bendición (y de reflexión!)

Lucas 14:34-35 “Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida, ¿con qué se sazonará? Ni para la tierra ni para el muladar es útil; la arrojan fuera. El que tiene oídos para oír, oiga.”

Este es un texto que nos es muy familiar de las Escrituras. ¡Lo conocemos muy bien! Tanto, que muchas veces lo leemos “a la ligera” por ser así de conocido. En esta ocasión, Jesús está utilizando “la sal” como una especie de  ilustración. A lo largo de toda la Biblia la sal es usada como símbolo  en un sinnúmero de oportunidades, pero esta vez Jesús pretende enseñar una gran verdad. 
Primero te invito a que pienses en las palabras que Él está diciendo. Y quiero que te imagines oírlas por primera vez, como si fueras parte de aquel grupo de personas que están oyéndole al Maestro en el camino.
 Jesús dice: 

Una sal sin sabor NO SIRVE.

Una sal sin sabor NO ES ÚTIL ni para la tierra.

Una sal sin sabor NI SIQUIERA SIRVE PARA EL MULADAR! El muladar era un lugar, que generalmente estaba fuera de la ciudad, donde se echaban los desperdicios y además la materia fecal humana y animal. ¡Una sal sin sabor ni siquiera sirve para ese lugar! ¡Es inútil!

Si Jesús está enseñando una verdad, Él está usando palabras muy duras! Creo que después de considerar esto ya no debiéramos leer este texto “a la ligera”, sin cuidado, o de una manera casual sin dejar que nos impacte. ¿Y si lo que Jesús está enseñando tiene que ver con mi vida? ¿Qué cosa es aquella que no sirve para nada, ni siquiera para ser usada como abono para la tierra? ¿Y si lo que Jesús dice tiene que ver contigo?  ¡Wow!, ¡Sí que es importante saber cuál es la enseñanza que está dando Jesús!

jueves, 18 de septiembre de 2014

Ser y no saber nada...


Por Sugel Michelén

El poeta nicaragüense Rubén Darío, en su poema Lo Fatal, expresa la angustia existencial del hombre ante la realidad de una vida consciente que se dirige hacia un destino final inevitable e incierto:

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque esa ya no siente, 
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, 
y el temor de haber sido y un futuro terror…
y el espanto seguro de estar mañana muerto, 
y sufrir por la vida y por la sombra 
y por lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos, 
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber a dónde vamos 
ni de dónde venimos!

sábado, 13 de septiembre de 2014

El Libro de Job: ¿Por qué sufren los justos?


Por R. C. Sproul

En el campo de los estudios bíblicos, existen cinco libros que normalmente son incluidos bajo el título de “literatura de sabiduría” o “los libros poéticos del Antiguo Testamento”. Estos son los libros de Proverbios, Salmos, Eclesiastés, Cantares de Salomón, y Job. De estos cinco libros, hay uno que sobresale, manifestando diferencias significativas respecto a los otros cuatro. Ése es el libro de Job.
La sabiduría que se encuentra en el libro de Job no es comunicada en forma de proverbio. Más bien, el libro de Job trata las cuestiones de la sabiduría en el contexto de una narrativa que trata la profunda angustia y el dolor insoportable de Job. El escenario de esta narrativa es el tiempo de los patriarcas. Se han levantado preguntas acerca de la intención autorial de este libro, en cuanto a si estaba destinado a ser una narración histórica de un individuo real o si su estructura básica es aquella de un drama con un prólogo, incluyendo una escena de apertura en el cielo, conteniendo un discurso entre Dios y Satanás, y moviéndose de una forma gradual al epílogo, en el que son repuestas las profundas pérdidas sufridas por Job durante sus pruebas.
En cualquier caso, en el corazón del mensaje del libro de Job está la sabiduría respecto a la respuesta a la pregunta de cómo Dios está involucrado en el problema del sufrimiento humano. En cada generación protestas son levantadas diciendo que si Dios es bueno, entonces no debería haber dolor, ni sufrimiento o muerte en este mundo. Junto con estas protestas contra cosas malas que le suceden a gente buena, también han habido intentos de crear un cálculo de dolor, por el cual se asume que el umbral de sufrimiento en un individuo es directamente proporcional al grado de su culpa o del pecado que ha cometido.

lunes, 22 de julio de 2013

Llamado al servicio

Por William Gurnall

«Todo soldado está llamado a una vida de servicio activo, igual que el creyente. La misma naturaleza de ese llamamiento excluye una vida ociosa. Si pensabas ser soldado de verano, considera con cuidado tu comisión. Tus órdenes espirituales son rigurosas. Igual que el apóstol, no quiero que ignores esto y, por tanto, cito algunas directrices.


1. Renuncia a tus pecados predilectos
Aquellos pecados más cercanos a tu corazón deben ahora ser hollados bajo tus pies. ¡Y se necesita valor y coraje para hacerlo! Crees que Abraham fue probado al límite cuando se le pidió tomar a Isaac -"tu hijo, tu único, a Isaac a quien amas" (Gn. 22:2)- y ofrecerlo con sus propias manos. Pero no tiene ni comparación con esto: "Alma, toma tu deseo, el hijo más cercano a tu corazón, tu Isaac, aquel pecado del cual piensas granjear mayor placer. Ponle las manos encima y ofréndalo; derrama su sangre ante Mí; clava el cuchillo sacrificial en su mismo corazón, ¡y hazlo con gozo!".
Esto es superior a las fuerzas humanas. Nuestros deseos no se quedarán quietos sobre el altar con la paciencia de Isaac, ni como el Cordero que va mudo al matadero (Is. 53:7). Nuestra carne ruge y chilla, partiéndonos el corazón con sus horribles gritos. ¿Quién puede expresar el conflicto, la lucha, las convulsiones de espíritu que aguantamos antes de cumplir con esta orden de corazón? ¿Quién puede explicar plenamente la sutileza con que tal deseo defenderá sus derechos?

sábado, 13 de julio de 2013

Los ojos de Dios

Por Misael Vagni

Generalmente suelo compartir aquí estudios bíblicos y artículos de interés... Pero esta vez quiero exponer un escrito un tanto diferente, pero no por eso menos reflexivo. Este es un escrito que realizara Misael Vagni, un hermano y amigo. Lo comparto confiando que será de impacto, como lo fue para mi...

"Los mismos ojos que cegaron a Pablo. Que encontraron discípulos a la orilla del Mar de Galilea. Que le dieron una segunda oportunidad a Pedro.
Pupilas que le irradiaban amor al enfermo, pasión al decaído, compañía al solitario, esperanza al leproso.
Que se cerraban cuando el sol rompía el negro de la noche, los que se aguzaban cuando el atardecer se hacía presente, los que María esperaba ver en el pesebre, y que luego se quedaron viendo los suyos, sabrá José cuánto tiempo.
Los que fueron golpeados por cientos de judíos, moretoneados por rudos soldados, despedazados por látigos de sicarios. Que se cerraron por un tiempo, pero que se abrieron con más poder que antes.
Los que desde arriba de la cruz buscaron a Juan, y le señalaron a María. “Ahí está tu madre”.
Ojos humildes con las personas, compasivos ante el enfermo, furiosos ante el pecado, tiernos hacía todos. Imponentes ante el mundo, y más allá del mismo.
Esos mismos ojos, hoy nos buscan. Entre guerras, pestes, corrupción, violencia, asesinatos, cárceles.
Nos llaman. A regresar, a sentir, a perdonar, a cuidar, a respetar, a saludar, a amar.

Él nos busca.

¿Lo estamos buscando? "
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